Publicado en Reseñas

Kentukis

  • Título original: Kentukis
  • Autora: Samanta Schweblin
  • Editorial: Penguin Random House Grupo Editorial
  • Género: Ficción
  • Formato: eBook Kindle

Puntuación: 4 de 5.

Sinopsis del libro:

Casi siempre comienza en los hogares. Ya se registran miles de casos en Vancouver, Hong Kong, Tel Aviv, Barcelona, Oaxaca… y se está propagando rápidamente a todos los rincones del mundo. No son mascotas, ni fantasmas, ni robots. Son ciudadanos reales, y el problema -se dice en las noticias y se comparte en las redes- es que una persona que vive en Berlín no debería poder pasearse libremente por el living de alguien que vive en Sídney; ni alguien que vive en Bangkok, desayunar junto a tus hijos en tu departamento de Buenos Aires. En especial cuando esas personas que dejamos entrar a casa son completamente anónimas.

Kentukis narra la historia de varias personas alrededor el mundo con sólo una cosa en común: los kentukis, una especie de peluches de alta tecnología, capaces de “ver” y moverse. Uno puede elegir “ser” un kentuki, y manejarlo desde la comodidad de su casa a través de la computadora, observando y escuchando la vida de la persona que es “amo” del kentuki. Ni el “amo” ni el que “es” kentuki pueden elegirse y tampoco pueden comunicarse.

Mi opinión:

Esta es la primera vez que leo a Samanta Schweblin y me gustó mucho el libro. Está escrito en un lenguaje sencillo y, al estar conformado por varias historias muy diferentes entre sí, la lectura se hace ligera, aunque no por ello los temas que trata dejan de ser controversiales.

Si tuviera que describir este libro en dos palabras, serían las siguientes: inusual e incómodo. Inusual porque la autora es ingeniosa para plantearnos, desde mi punto de vista, esta pregunta: ¿es mala la tecnología? Incómodo porque nos confronta con verdades que perdemos de vista en un mundo donde la tecnología, las redes sociales y el internet se han vuelto indispensables en nuestra vida.

¿Cómo se comporta una persona cuando un desconocido la está mirando? El libro nos cuenta la historia de personas que son “amos” de un kentuki porque se sienten solas, porque están de moda, porque es un bonito juguete para regalarle a sus hijos. Y así, voluntariamente y con perfecto conocimiento de ello, abren la puerta de su vida a alguien anónimo en cualquier parte del mundo. Puede parecer de locos, hasta que conocemos a los ancianos que se alegran con la presencia de los muñecos en su residencia, o del hombre solitario que adopta uno como mascota.

¿Qué tiene de malo pagar por ver la vida de una persona que la expone por propia voluntad? Un niño solitario que desea ver la nieve, aunque sea virtualmente. Una mujer mayor que le toma cariño a la chica que ve todos los días en la pantalla y que la trata como a su mascota. Una persona que desea saber cómo es cualquier parte del mundo, sin el engorro de ir hasta allá. Un voyeur. Un hacker.

Así que, mi respuesta a la primera pregunta es esta: la tecnología no es buena ni mala. Es simplemente una herramienta puesta a disposición de las personas. Somos nosotros quienes hacemos buen o mal uso de ella y quienes tomamos la decisión de emplearla para causar daño o generar un bien.

Algunos datos sobre el libro:

  • Kentukis fue nominado para el prestigioso “International Booker Prize”, premio otorgado cada año al mejor libro traducido al inglés y publicado en el Reino Unido o en Irlanda.

Algunos datos sobre la autora:

  • Samanta Schweblin nació en Buenos Aires, Argentina, donde estudió cine y televisión.
  • La argentina fue elegida por la revista Granta, como una de los 22 mejores escritores en español menores de 35 años.
  • Su obra destaca por abordar las relaciones familiares, escribiendo mayormente en los géneros de cuento y novela.
  • Ha vivido en México, Italia, y China; y actualmente reside en Berlín.

Mis frases favoritas:

  • “Poca gente estaba dispuesta a exponer su intimidad ante un desconocido, y a todo el mundo le encantaba mirar.”
  • “Nunca se le hubiera ocurrido que ahora, además de todas las especificaciones que había que leer si se compraba un electrodoméstico nuevo, había que pensar también si sería digno para ese objeto vivir o no con uno.”

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